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Taraf de Haïdouks: Los reyes anónimos de la música gitana

País: Rumania • Género: Folklore • Regiones: Balcanes, Europa

Por Mariano García
@solesdigital

Foto: Youri Lenquette

Desde hace décadas son uno de los iconos más representativos de la música popular balcánica, y paradójicamente apenas son reconocidos en su propio país. Para la legendaria banda Taraf de Haïdouks, el trágico axioma de que nadie es profeta en su tierra es una verdad que se comprueba al recorrer negocios de música a lo largo de toda Rumania, sin poder encontrar ninguna de las joyas musicales que hace más de 20 años vienen acuñando.

Con músicos de larga trayectoria en su país, Taraf de Haïdouks (cuyo nombre se podría traducir literalmente como “banda de maleantes”, aunque el término "haidouk" se utilizó a lo largo de los Balcanes para denominar a los partizanos que resistieron la ocupación otomana a principios del siglo XX) se hizo mundialmente conocida cuando desembarcó por primera vez en Europa occidental en 1991. A diferencia de muchos artistas de la región que el éxito global los llevó a radicarse en las principales capitales europeas, los veteranos integrantes de la banda continúan con su sencilla vida en la pequeña comuna de Clejani, Rumania, al sur de la capital Bucarest.

Pertenecientes a la tradición de músicos gitanos denominados “lautari”, componen la agrupación una docena de talentosos intérpretes y cantantes cuyas edades van de los 20 a los 80 años.  Antes de ser descubiertos por el mercado europeo, nunca habían tocado fuera de su pueblo. Pero su disco “Musique des Tsiganes de Roumanie” (Crammed Discs, 1991) los catapultó al éxito con sus baladas de corte medieval, ritmos bailables de acento turco y folklore rumano.

Eran los años en que Rumania apenas salía del largo período de mano de hierro comunista llevado adelante por Nicolae Ceaucescu, y entra danzas populares se destaca la cruda ironía en la Balada Conducatorolui (Balada del Dictador), ácida despedida para quien terminó ejecutado públicamente luego de 22 años de gobernar al país. En este tema, no quedan dudas del talento intuitivo del formidable Nicolae Neacsu (1924 – 2002), con su recitado y técnica única para sacarle quejidos al violín atando una crin de caballo a sus cuerdas para extirpar del instrumento sonidos que nada tienen que ver con la idea que en occidente se tiene de un violín. El venerable Nicolae Neacsu acompañó a la banda por diez años más, en los que sin dudas fue uno de los pilares de la banda, casi un patrimonio cultural de Rumania en persona.

Es que conocer a los Taraf de Haïdouks es mucho más que una experiencia musical. Es una revelación etnográfica, un descubrimiento que hace que todo oyente sea un poco musicólogo, porque es a través de su música que uno puede acceder a la historia y la cultura de los campesinos gitanos de los Balcanes y a lo más profundo de las tradiciones rumanas. Aquel primer álbum, más el apoyo del etnomusicólogo suizo Laurent Aubert y los músicos belgas Stéphane Karo and Michel Winter (admiradores que devinieron en representantes) los llevaron a hacerse conocidos en Europa, sobre todo en París y toda el área de influencia de la cultura francófona, de la cual Rumania es el más lejano pero querido de los satélites (no por nada en los años 20 Bucarest fue conocida como “La París del Este”, una isla latina y francófila en medio del mundo eslavo).

Fue gracias a este apoyo que sus siguientes discos, “Honourable Brigands, Magic Horses and Evil Eye” (Crammed Discs, 1994) y “Dumbala Dumba” (Crammed Discs, 1998) fueron llamando cada vez más la atención de los especialistas occidentales. El enorme valor patrimonial de sus grabaciones hizo que en 1999 el prestigioso sello Nonesuch las compilara en “Taraf de Haïdouks”, lo cual los instaló como principal referencia de una cultura gitana que comenzaba a ganar el interés del resto de Europa.

 

Pero fue su participación en la película The Man Who Cried (2000), protagonizada por Johnny Depp y Christina Ricci, la que los catapultó a su momento de gran fama internacional.  Lo poco creíbles que resultan en el film el galán y la heroína como gitano el primero, y como judía rusa la segunda, hacen que la presencia de los lautari rumanos sea de lo poco auténtico y creíble de la historia. Como efectos colaterales de la película, se convirtieron en los apadrinados de Jonnhy Depp, que les abrió las puertas de Estados Unidos y fue recién entonces que en la propia Rumania comenzaron a prestarles un poco más de atención.

Pero la fama y popularidad no generó mareos ni desvíos en la línea artística de la banda, que con sus anchas y sólidas raíces continuó ofreciendo varios de los mejores momentos de la música balcánica contemporánea. En 2001 se unieron a la orquesta de vientos macedonia Koçani Orquestar para editar el disco “Band of Gypsies” (Crammed Discs), donde sintetizan esa irrepetible combinación de sonidos que recorren los Balcanes desde el Adriático hasta Turquía, con secciones de brass funky y ritmos modernos que se entremezclan con el folk centroeuropeo.

Y lejos de recostarse en la facilidad de repetir fórmulas exitosas, en 2007 dieron un arriesgado salto de calidad con el que probablemente sea su mejor disco, Maskarada” (Crammed Discs). Allí reinterpretan composiciones clásicas de grandes compositores del siglo XX como Béla Bartok o Aram Khachaturian, entre otros, llevando la música de cámara a los suburbios de la cultura gitana de Europa del Este, con resultados asombrosos.  Si como fundador de la etnomusicología Béla Bartok incorporó a la música clásica elementos folklóricos de Rumania y Hungría, en este disco los Taraf de Haïdouks dan un giro de 180° grados y hacen de composiciones como “Romanian Folk Dances”, “Ostinato & Romanian Dance” o la épica “Waltz for Masquerade” piezas de baile popular para los campesinos de la periferia balcánica, conjugando genialidad, intuición y un profundo respecto por la identidad musical de la región.

 

En la actualidad la alineación del grupo está en constante movimiento: nuevos músicos y cantantes se han ido sumando, tres de los miembros fundadores han fallecido, y en la actualidad una tercera generación de jóvenes intérpretes se ha sumado.

El protagonismo es repartido y compartido por todos sin ningún tipo de egocentrismos. Las emblemáticas voces e interpretaciones de Neacsu, Ion Manole, Cacurica e Ilie Iorga en sus piezas más populares; se intercalan con piezas instrumentales de mayor virtuosismo compuestas por la nueva guardia de la banda: el violinista Caliu, los acordeonistas Ionitsa y Marius, el flautista Falcaru o el cimbalista Ionica, por nombrar solo a algunos de los apenas veinteañeros que han tomado en sus manos la antorcha para mantener vivo el fuego de esta legendaria banda. 

24/12/2012

Atajos:

Taraf de Haïdouks, “Maskarada”: Clásico gitano

Taraf de Haidouks, “Of Lovers, Gamblers & Parachute Skirts”: La restauración del folk

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