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Fernando Samalea - El jardín suspendido
Arrabal magrebí
Por Mariano García
mariano@octubre.org.ar

Sello:
Acqua Records. Género: Tango - Árabe. Duración:
35:59”. Cantidad de temas: 11. Año 1998. Músicos:
Fernando Samalea (bandoneón, batería, percusiones y teclados),
Fernando Kabusacki (guitarras, procesos, loops), Daniel Melingo (clarinete
y saxo tenor), Nirankar Singh Khalsa (tabla hindú, flautas de caña
y maderas, percusiones), Tony Levin (contrabajo), Natalia Méndez (selección
de textos y voces), Mustafa Sbai Tanji, Abdellah Narrouch, Meloud El Nrizi,
Aabdelamajid Domnati (voces).
Imagínese
un músico argentino, con una reconocida trayectoria dentro del rock
y una sólida formación tanguera, deambulando con su bandoneón
por un puerto de Marruecos y compartiendo experiencias (musicales y espirituales)
con los transeúntes del lugar. Si la escena resulta en principio extraña,
no menos extraordinario es “El jardín suspendido”, disco
con el que Fernando Samalea (baterista y percusionista de Charly García
e Illya Kuriaky & The Valderramas, por nombrar sólo algunas de
sus incursiones en el rock) deslumbra como un versátil y talentosos
compositor e instrumentista.
Grabado y concebido en
Tánger (Marruecos), Madrid (España), Buenos Aires (Argentina)
y Woodstock (Estados Unidos), este disco rompe con barreras espaciales, temporales
y culturales que existen entre el mundo islámico y el nuestro. Con
una sutil conjunción de música árabe y tango, Samalea
hace que los lejanos y fascinantes ambientes norafricanos se acerquen a la
porteña Buenos Aires, que lo ciudadano y lo étnico se unan a
través de una experiencia musical de carácter inusual y majestuoso.
Pero Samalea no está
solo en su aventura magrebí. Lo acompañan nada menos que Daniel
Melingo (otro genio menospreciado que atravesó la barrera del under
para darle al tango nuevos aires reos) y el talentoso Fernando Kabusacki,
ideal para las ambientaciones oníricas que dominan el álbum.
El toque hindú está a cargo de Nirankar Singh Khalsa, y la sorpresa
en la alineación corre por cuenta de nada menos que Tony Levin, ex
bajista de King Crimson, que hace un aporte de lujo con su contrabajo en “Mercader
hierático”.
Además, este es
un “disco-libro” que contiene más de 50 páginas
escritas por el músico, donde la mixtura musical se extiende y complementa
con lo literario. Un disco demasiado bueno como para que aún siga siendo
desconocido por la mayoría de los coleccionistas y amantes de la experimentación.
23/4/2008
Atajos:
Daniel Melingo: Tangos fatales
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